VIDA Y OBRA

REVOLUCIÓN CUBANA /

ARTÍCULO

LA REPÚBLICA ÁRABE UNIDA: UN EJEMPLO

por Ernesto Che Guevara

Desde antes del descubrimiento de América, obedeciendo a la expansión Europea en busca de nuevos mercados donde adquirir materia prima para sus industrias nacientes, Asia y África fueron objeto de la visita y de la rapiña disfrazada bajo el pomposo título de COLONIZACION, de esas potencias. Nuestro viaje de tres meses por los países que acaban de liberarse de un yugo feroz y han iniciado su camino hacia la liberación económica y el desarrollo industrial, significó una serie de enseñanzas políticas, sociales y económicas, algunas de las cuales trataré de hacer llegar a los compañeros del Ejército Rebelde.

Desde la primera etapa de la penetración colonial hasta la nueva y supertécnica etapa de sujeción económica a través de compañías extranjeras que controlan la economía y la política de un país, los esclavizadores han llevado como lema la vieja frase latina: «Divide o impera». La división y el enfrentamiento posterior de los reyezuelos de los países de Asia, África o América, fue el primer paso para la penetración en el territorio nacional de cualquier estado de aquella zona del mundo. Se mantenía luego el poder colonial alimentando siempre los temores y desconfianzas entre todos los factores capaces de suscitar un cambio en el estatus político apoyándose en una pequeña oligarquía, usufructuaria de las riquezas que los coloniales no se llevaban y poseedora, junto con ese poder, de la totalidad de las fuerzas represivas. En el ámbito internacional, la misma política se desarrollaba en cuanto a países vecinos, mantenidos en un estado de desconocimiento mutuo, cuando no de desconfianza o de guerra.

El poder de aglutinación de los pueblos ha sido más grande que la capacidad de división de las fuerzas coloniales y se produce de pronto un hecho que es la alborada de la recuperación de los pueblos afroasiáticos, la Conferencia de Bandung. Veintinueve naciones de esta zona, representando sus gobiernos a 1 600 millones de habitantes, dejaron oír la nueva voz de las pequeñas potencias en el panorama de la política internacional.

No hubo unanimidad, pero hubo conjunción. No fue un bloque disciplinado el que votara como un solo hombre las potencias de los conferencistas; por el contrario, hubo intentos de división y se pretendió clasificar a la asamblea, según la ubicación ideológica de sus integrantes. El sentido común pudo más que los intentos coloniales y la fecha de Bandung tiene ya características históricas.

Entre los países que con más entusiasmo lucharon por la integración del conglomerado de naciones semicoloniales, se encontraba Egipto conducido por Gamal Abdel Nasser. Cuando nosotros visitamos ese país, hace unos cuatro meses, ya el Egipto se llamaba Provincia Sur de la República Árabe Unida. La República Árabe Unida constituye el principio del sueño secular de esa raza por lograr una unificación política que dé marco a su unidad étnica, religiosa y cultural.

Al salir de la última guerra mundial Inglaterra debió conceder cierto grado de libertad a sus colonias para cumplir en algo todas las promesas hechas en la hora sacrificada de la guerra. La supuesta independencia de Egipto (con control efectivo de su política y de su comercio y con bases inglesas en el territorio) estaba representada en la figura del rey Faraouk, obeso fantoche que derrochaba el dinero del pueblo en orgías interminables con sus favoritas. La situación de miseria del pueblo egipcio movió a un grupo de oficiales jóvenes encabezados por el entonces coronel Gamal Adbel Nasser a cambiar el régimen político del país. Este grupo de oficiales inició el saneamiento político del país y una dura batalla por el rescate de las riquezas conculcadas entre las cuales como más importante, estaba el Canal de Suez. Tras una larga batalla político-militar el ejército inglés dejó su última base en la antigua colonia y poco tiempo después, el canal era nacionalizado. Nunca perdonaron los colonialistas franceses e ingleses la pérdida de tan fructífero negocio y algún tiempo después, a fines de 1956, aprovecharon el injustificado ataque de Israel —hecho que a las claras estaba coordinado— para atacar el país con el supuesto designio de salvar el Canal de Suez. Tras una dura lucha que costó tres mil muertos civiles en la ciudad de Port Said y donde se demostró el enorme valor de la solidaridad internacional de los pueblos, los invasores, condenados por las masas populares y por los organismos internacionales, se batieron en retirada. Port Said era un montón de escombros; la fuerza aérea egipcia no existía, el Canal de Suez tenía 40 navíos hundidos obstruyendo su paso, pero la nación egipcia había salido triunfante de la prueba y sus gobernantes habían demostrado no solo el valor físico necesario sino también el valor moral para armar al pueblo a pesar de estar dirigido por un grupo de oficiales en funciones administrativas, sobreponiéndose al espíritu castrense el deseo de asegurar la independencia.

Este hecho, el de armar al pueblo, es quizás el acontecimiento más trascendental en cuanto a la tónica popular del presidente Nasser.

La República Árabe Unida, es el resultado de la federación de tres países disímiles en cuanto a estructura económica y social: a un Egipto muy atrasado, dando los primeros pasos en el camino de la independencia económica, se une una Siria en un grado superior de desarrollo, con una cultura general muy superior y con una clase media desarrollada, con tendencia al comercio; a esto se agrega el Yemen, país de estructura feudal que tiene en su haber su decidida posición de lucha por la defensa de la soberanía nacional.

Egipto es el eje y el motor de esta agrupación. Es un país con una superficie 10 veces mayor que Cuba, con un área cultivable más de 5 veces menor y una población de 24 millones (4 veces la cubana). Su estructura económica fundamental es similar a la de Cuba; país monoproductor, con el algodón como su talón económico y de monomercado, con Inglaterra como único comprador importante hasta el desarrollo de la revolución comenzada en el año de 1952.

Como peligro para Cuba de una situación similar debe anotarse la experiencia del caso egipcio; a raíz de la lucha por su liberación, las medidas económicas del imperio británico se centralizaron en la exclusión del mercado egipcio para las compras de algodón, lo que provocó una situación de extraordinario peligro del que afortunadamente salió por la aparición de un comprador para toda su cosecha, como lo fue la Unión Soviética.

Para dar una idea de lo endeble del comercio exterior egipcio, basta ver el cuadro de sus exportaciones donde solo figuran como artículos importantes, algodón en bruto, fibra de algodón y algunos cereales. La tónica de sus importaciones parece calcada de la cubana: maquinaria, hierro y acero, textiles (siendo uno de los mayores productores y de más alta calidad del mundo de fibra de algodón) productos químicos y farmacéuticos, vehículos y fertilizantes.

En el medio de un enorme programa de industrialización, el gobierno egipcio se las arregló para mantener su costo de la vida igual a los períodos anteriores a la revolución, cambiando, eso sí, el cuadro de las inversiones privadas hacia las inversiones públicas. Este esfuerzo es más extraordinario si se consideran los enormes gastos defensivos que debió hacer el gobierno para renovar totalmente la fuerza aérea y la marina, casi aniquiladas cuando la agresión y modernizar el ejército, aumentando al mismo tiempo los presupuestos para educación y bienestar social y elevándose en un 24% los salarios de los trabajadores.

El primer paso que dio el gobierno egipcio para la reorganización de su estructura económica fue la reforma agraria que afectó solamente a 1 768 latifundistas, redistribuyendo entre los campesinos la tierra recuperada que era un 10% del total. La base de la economía agrícola es la cooperativa, formada por pequeños propietarios de una a dos hectáreas que trabajan colectivamente la tierra pero la aprovechan individualmente.

Definitivamente victoriosa la reforma agraria, los egipcios se dieron a la tarea de industrializar su país. Ya en el momento en que lo visitamos pudimos ver los proyectos de la gigantesca presa de Asuán que será una de las mayores productoras de energía eléctrica del mundo y dará regadío a cuatro mil hectáreas adicionales; una fundición de acero que llenará las necesidades actuales del país; hilanderías, refinerías de azúcar, fábricas de alcohol, fábricas de armas de todo tipo, de aviones pequeños, astilleros, etc.

De resultas de nuestra conversación con el ministro de Economía y Finanzas, la RAU convino en la necesidad para ella y para Cuba, de incrementar el intercambio comercial, firmándose en Cuba en el mes de agosto, un convenio comercial mediante el cual exportaremos azúcar, café y otros productos, importando algodón en rama, hilo de algodón, confecciones de algodón y otros.

El estudio de la estructura económica anterior de Egipto, sus luchas por la liberación y los resultados actuales, nos dan una idea de cuál será nuestro futuro inmediato. La República Árabe Unida nos lleva siete años de ventaja en el camino de la revolución nacionalista.

Para un latinoamericano, las cosas que más resaltan en una vista panorámica de la actual República Árabe Unida son: la gran pobreza de sus masas campesinas y obreras, unido al espíritu de trabajo y de empresa que se ve en todos los sectores sociales del país. Su grupo dirigente está constituido por un núcleo de militares de carrera que forman un conglomerado leal, uniforme y efectivo. Su presidente Nasser es una de las figuras más populares, no solo en la República sino en toda Asia y África. Sus dificultades más grandes son: la carencia de más tierra cultivable (toda la existente está aprovechada al máximo), la falta de estudios de los recursos naturales y la pobreza general del país; su gran arma de lucha: el vigor de un pueblo unido detrás de un jefe leal a los principios revolucionarios. Con ese solo elemento, la República Árabe Unida ha superado todos los obstáculos y marcha segura hacia un porvenir industrial. Cuba puede nutrirse de bellos ejemplos en este país.