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ERNESTO CHE GUEVARA: A SESENTA AÑOS DE DIPLOMACIA REVOLUCIONARIA

por Daily Pérez Guillén

Apenas seis meses contaba el gobierno revolucionario de la Mayor de las Antillas en el poder. Conquistado el triunfo era menester presentar ante el mundo el nuevo proyecto social que comenzaba a emerger. Una gira de Fidel por Estados Unidos, Canadá y algunos países latinoamericanos antecedió a la delegación que el 12 de junio de 1959 partió desde el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, encabezada por el comandante Ernesto Che Guevara, ahora rumbo a África y Asia.

De aquel lado del mundo un puñado de países con pasados similares al de Cuba, a pesar de la distancia y las diferencias culturales, también pujaban por mantener estados independientes y soberanos. En 1955 en Indonesia se habían reunido en una cita que pasó a la historia como Conferencia de Bandung. Los grandes líderes Gamal Abdel Nasser (República Árabe Unida), Jawaharlal Nehru (India) y Ahmed Sukarno (Indonesia) organizaron el encuentro con el propósito de favorecer la cooperación económica y cultural afroasiática en oposición al colonialismo y al neocolonialismo de las antiguas metrópolis y de los Estados Unidos y para establecer una alianza basada en una corriente neutral y de no alineamiento con la política internacional de las grandes potencias.

Ante aquellos líderes se presentó el joven portavoz de la Revolución cubana, entonces el Che apenas contaba 31 años, para fundar o ampliar los vínculos comerciales, culturales y diplomáticos de la nación caribeña. Junto a su comitiva, la mayoría combatientes rebeldes que aún vestían de verdeolivo, visitó además la República Federativa de Yugoslavia, Ceilán (actual Srilanka), Paquistán, Birmania, Japón, Sudán y Marruecos.

A su paso por esos países, numerosos periodistas se acercaban interesados en el proceso revolucionario que recién iniciaba en Cuba. Interrogaban sobre la Reforma Agraria y querían escuchar sobre Fidel Castro. Esas impresiones no pasaron desapercibidas para el Che. En un artículo que tituló “América desde el balcón afroasiático” y que fue publicado en la revista Humanismo a poco de su regreso, escribía:

“… Cuba es una abstracción que significa solo despertar, es apenas la base necesaria para que surgiera un ser mitológico llamado Fidel Castro. Barbas, cabello largo, uniforme verde olivo y unos montes sin localización precisa en un país del que apenas saben su nombre y no todos saben que es isla, es la Revolución cubana, es Fidel Castro; y esos hombres barbudos son los hombres de Castro. Y esos hombres, provenientes de esa isla indiferenciable en el mapa, movidos por el resorte mágico de un hombre mitológico, es América, la nueva América, la que despereza sus miembros entumecidos de tanto estar de rodillas”.

Sesenta años después de los primeros pasos en el camino de la diplomacia revolucionaria cubana, la semilla sembrada por el Che germina cada vez que se recuerda a Cuba como uno de los países fundadores del Movimiento de Países No Alineados o cuando en Naciones Unidos, ese grupo repudia en masa el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba.