NOVEDADES

RESEÑA

CHE Y FIDEL EN LA MEMORIA

por Daily Pérez Guillén

En el año 2014 la editorial Ocean Sur editaba por primera vez el libro Che y Fidel. Imágenes en la memoria. Textos e imágenes revelan la íntima relación de amistad, admiración y respeto que unió en la historia y en la vida a estos dos hombres.

Prologado con la sensibilidad de Graziella Pogolotti, ya desde sus páginas iniciales, el lector descubre los retazos de estas vidas atrapadas por diversos lentes, sin embargo, los protagonistas son siempre los mismos, auténticos.

De otra parte, la introducción de Aleida March, compañera de vida del Che, abre, el santuario de su memoria para mostrar esa unión indisoluble que vibró entre ellos.

Después las palabras de Fidel y el Che alternan para revelar impresiones y evocaciones de los momentos compartidos juntos desde aquella fría noche de julio de 1955 en Ciudad México. Recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche —en la madrugada— era ya uno de los futuros expedicionarios, precisa Ernesto Guevara.

Y a continuación, pasadas décadas, reconstruye Fidel la imagen de aquel joven médico que todos los fines de semana trataba de subir el Popocatépetl, un volcán que está en las inmediaciones de la capital (…), hacía un enorme esfuerzo y no llegaba a la cima (…); pero volvía a intentar de nuevo subir, y se habría pasado toda la vida intentando subir el Popocatépetl, aunque nunca alcanzara aquella cumbre.

Página tras página el testimonio verbal y visual de la admiración mutua. Ante Jorge Ricardo Masetti, periodista argentino que subió a la Sierra Maestra en abril de 1958, Che ya presenta a Fidel como un hombre extraordinario. Las cosas más imposibles las encaraba y resolvía. Tenía una fe excepcional en que una vez que saliese hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar. Compartí su optimismo. Había que hacer, que luchar, que concretar. Que dejar de llorar y pelear. 

El diálogo a través de una selección de fotos de la Sierra Maestra, entre los sonidos del monte, mochila  al hombro, a la sombra de la espesa maleza, a la puerta de un bohío donde se preparan tácticas de combate. 

Después, la alegría del triunfo, la complicidad. Eran tan jóvenes, hermosos y fuertes. Y tantos los sueños. Tan elevado el reto de transformar la realidad. Pero en la nueva Cuba para un hombre como el Che de elevada cultura (… ) de gran inteligencia (…). Cualquier tarea que se le asignara, después del triunfo de la Revolución, era capaz de aceptarla. Fue director del Banco Nacional de Cuba, donde hacía falta un revolucionario en aquel momento, y en cualquier otro, desde luego. 

Y todo esto era posible porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas. Él descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, (…) que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción

Así mismo, la trascendencia de la obra de Fidel, es palpada por el Che más allá de las fronteras de Cuba: Para los asiáticos, hablar de América es hablar de un continente impreciso (…). Nada concreto se agrega a este conocimiento, excepto un hecho para ellos casi abstracto, que se llama “Revolución cubana”. Efectivamente, Cuba es para ese mundo lejano una abstracción que significa solo despertar, apenas la base necesaria para que surgiera el ser mitológico llamado Fidel Castro… Cuba existe y (…) Fidel Castro es un hombre, un héroe popular, y no una abstracción mitológica. 

Un líder, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y de victoria

Y al final del libro, la despedida, la prueba de fidelidad hasta en el último momento, el reconocimiento de dos seres humanos que la historia hizo coincidir en el escenario de una Revolución. Uno, el símbolo, creado por  él mismo, en su breve pero intensa vida, en su breve pero creadora vida (…) se convirtió en lo que es hoy: se convirtió en una bandera, se convirtió en un modelo, se convirtió en un batallador, se convirtió en un guía, se convirtió en un monumento de la nobleza y del espíritu de justicia, y que se puede resumir en dos palabras: en el modelo de revolucionario, en el modelo de combatiente y de comunista para los pueblos del mundo.

El otro, el creador de una revolución. Martí decía que los que marchan al frente tiene obligación de ver más lejos. Fidel marchó al frente (…), vio donde nadie se atrevía siquiera a espiar. Vio el triunfo de aquellos días de derrota y su fe maravillosa en las fuerzas del pueblo nos mantuvo e impulsó a todos.

 

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