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CHE GUEVARA: LA PALABRA DE MARTÍ BASTA POR SÍ SOLA PARA ACLARAR CONCEPTOS

por Daily Pérez Guillén

Bastara con recordar el exergo con que Ernesto Che Guevara inició uno de sus más importantes ensayos “Crear dos, tres… muchos Vietnam”, para notar cuánto asumió en su vida y obra el legado martiano. “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”, esta era la frase citada de José Martí en 1965, pero desde sus años de vida en México y luego en la Sierra Maestra, Che ya se había acercado al legado del Apóstol de Cuba.

En sus libretas de apuntes personales y cuadernos de estudio, aparecen referencias que así lo indican. Lecturas de títulos como “Pensamiento y Acción de José Martí”, la biografía “Martí el Apóstol”, de Jorge Mañach, o tomos de las Obras completas, publicadas por la Editora Nacional en 1963, aparecen registradas o transcritas de su puño y letra.

Conste también que en su despacho personal, en la que fuera su última vivienda en La Habana, también atesoraba la colección completa de las obras martianas.

Publicamos hoy una reseña suya del libro “Martí: raíz y ala del libertador de Cuba”, del escritor y periodista costarricense Vicente Sáenz en la que se aprecia ya un criterio preclaro de la obra de José Martí.

 

“Martí: raíz y ala del libertador de Cuba”, de Vicente Sáenz

Es una pequeña semblanza del libertador con abundancia de citas que dan una idea del pensamiento tan claro y tan elegante del poeta revolucionario. No se puede hablar de que sea una obra maestra, no es esa su función tampoco. Simplemente el autor se diluye frente a la palabra de Martí que basta por sí sola para aclarar conceptos, él solo la ordena más o menos cronológicamente hasta su muerte.

Si el folleto tiene algún pero, es un parangón final que hace con ciertos políticos adocenados, contemporáneos nuestros.

Llamar iguales de Martí a Rómulo Betancourt y Haya de la Torre es un insulto al hombre que vivió en el monstruo y le conoció la entraña, aun cuando la entraña era mucho menos negra y pestilente que la actual. Mejoraría mucho el libro sin la invocación final