VIDA Y OBRA

REVOLUCIÓN CUBANA /

ENTREVISTA

“NO ACEPTAMOS QUE UNA REVOLUCIÓN POPULAR SEA ROTA POR EL IMPERIALISMO”

por Jean Daniel

Entrevista concedida en Argelia, el25 de julio de 1963.

 

Ernesto Che Guevara, ministro de industrias de Cuba, está en Argel desde el 4 de julio. Iba a marcharse el día 8 y se quedo varias semanas.

«Porque este país, Argelia, es apasionante y hará tanto ruido en África como Cuba en América.» Después pasará por París con la condición de que no se le exija «disfrazarse». Para él, disfrazarse, es abandonar su uniforme de campaña de «maquisard», del que se ajusta continuamente el saco. Pasará por París «porque quiere conocer el Louvre» y también porque De Gaulle tiene una manera de decir mierda a Estados Unidos que le alegra.

Son las doce de la noche y hace ya dos horas que estamos hablando cuando pregunto a Guevara lo que piensa acerca del conflicto ideológico separando rusos y chinos. Entonces estalla de la risa, una gran risa sonora y contagiosa. Se levanta, deja su enorme tabaco, acaricia con sus dedos una barba caprichosa que no logró hacer crecer en todo lo ancho de sus mejillas y me dice que él esperaba mi pregunta.

Preciso mi pregunta: Che Guevara, este argentino que encontró a Castro en Méjico, después de haber militado en Guatemala, que fue uno de los doce compañeros de Fidel al principio de la insurrección cubana del 2 de diciembre de 1956 y quien, dos años después, el 1ro de enero de 1959, fue el primero en desembarcar en La Habana encabezando un comando de «barbudos».

Guevara, ¿estima usted que Cuba podía hacer otra cosa que proclamar, en abril de 1961, la adhesión solemne y completa de esta República del Caribe al marxismo-leninismo? Para contestar se vuelve repentinamente grave y abandona todo ese encanto que los cubanos usan con tanta generosidad.

«Si usted me hace la pregunta porque nos encontramos en Argelia, y porque usted quiere saber si una revolución de un pueblo subdesarrollado puede hacerse, a pesar del imperialismo, sin unirse al campo de las naciones comunistas, en este caso le diré: tal vez; no sé nada de eso; es posible. Lo dudo un poco, pero no soy juez.

«Pero si su pregunta es para hacerse una idea acerca de la experiencia cubana, entonces le contesto categóricamente: no, no podíamos hacer de otro modo y a partir de cierto momento no queríamos hacer de otro modo. Nuestro compromiso con el bloque del Este es mitad el fruto del apremio y la otra mitad el resultado de una decisión. En la situación en que nos hemos encontrado y que nos permitió conocer mejor que nadie al imperialismo, hemos comprendido que era para nosotros la única manera de luchar con eficacia.

«Es además por eso, para contestar a su pregunta demasiado directa, que deploramos los desacuerdos dentro de la familia comunista, ya que se producen justo en el momento en que entramos en esta familia. Ante todo quiero decirle que no tenemos ninguna pretensión ideológica. Somos recién llegados, neófitos, y, claro está, no vamos a tomar una posición dogmática en un debate tan importante. En Cuba, desde el principio, estamos publicando los textos soviéticos y los textos chinos con tanto respeto para los unos como para los otros. Si tenemos algún papel que jugar este consiste en contribuir a la unidad del mundo comunista y tal vez podamos llegar a hacernos oír y a militar eficazmente por esta unidad por el hecho de nuestra posición geográfica particular; por el hecho también de que hablamos como los vencedores del imperialismo».

Debido justamente a su experiencia, usted está obligado a llegar a ciertas conclusiones. Por ejemplo, ¿piensa usted que haga falta llegar a la guerra contra el imperialismo?

- Creo, y es muy distinto, que el imperialismo está condenado a querer la guerra contra nosotros. Si se entiende bien eso quedan cambiados los términos del problema. Entre Cuba y Estados Unidos es necesariamente una lucha a muerte. Que sea Kennedy o cualquier otro a la cabeza de Estados Unidos, el imperialismo americano está en la imposibilidad de no tratar de hacernos desaparecer. Pensamos que debe hacerse todo para evitar la guerra, pero no aceptamos que una revolución popular sea rota por el imperialismo, sino imponiendo al contrario, al imperialismo, situaciones tales que esté obligado a inclinarse. Dicho de otro modo, hay que tratar de potencia a potencia. Pero tampoco sobre este punto nos hacemos muchas ilusiones. El imperialismo no se inclinará jamás de verdad, ni mucho tiempo.

Así Estados Unidos renunciaron tal vez por el momento a invadir a Cuba, pero no pueden renunciar a destruir la Revolución cubana. Somos el fermento revolucionario de toda América Latina, es decir, de un continente de veinte naciones donde los hombres saben por experiencia y sienten todos los días que hay cosas aun peores que la guerra: es la suma de las miserias espantosas, de las opresiones, alienaciones, es prácticamente la imposibilidad de vivir. De estas veinte naciones, Estados Unidos llevaron quince a romper con nosotros, y es evidentemente entre estas quince donde la irradiación popular de la Revolución cubana es más amenazadora para el imperialismo.

«Claro está, es posible hacernos la guerra de modo diferente al que contemplan aquellos que quisieran intimidarnos. La subversión y la guerrilla eran las armas de los revolucionarios, pero la contrarrevolución acabó por iniciarse a ellas y apropiárselas. Acabo de enterarme que entre las lecturas recomendadas a los técnicos del Pentágono figuraba un librito mío, sin embargo muy modesto, sobre la técnica de la guerrilla. Los americanos del Norte y todos los capitalistas sin ideal no tienen deseo alguno de morirse, no desean correr los riesgos de un conflicto general que les destruiría a todos. Son ellos los verdaderos materialistas, y cuando se lucha por la sola conservación de los privilegios nadie está dispuesto a sacrificarse. Entonces tienen que recurrir a métodos que solo son peligrosos cuando las revoluciones conocen dificultades. Se explota al máximo estas dificultades sin más perspectiva que la de destruir la revolución.

«Dicho de otro modo, para nosotros, el marxismo es uno y solo puede haber diferencias en la aplicación de la doctrina según los países. Sobre estas diferencias queremos explicarnos a puertas cerradas, dentro del universo y de la familia comunista, evitando resueltamente cualquier posición que pudiera ahondar un conflicto y provocar una escisión. Pero al mismo tiempo, en Cuba estamos bien colocados para saber que el imperialismo, él también, él sobre todo, es uno, cualesquiera que sean las distintas formas bajo las cuales se vea obligado a manifestarse. Sabemos ahora descubrir todas las máscaras, y son numerosas, bajo las cuales la rebeldía de los pueblos obliga al imperialismo a esconderse.

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, ¿ha provocado dificultades tales que su explotación por el imperialismo os pone en peligro?

- Todas las revoluciones conocen dificultades. Un trastorno de estructuras no es otra cosa que una lucha extraordinaria, penosa y larga para triunfar de estas dificultades. Pues, por definición, las revoluciones en proceso ofrecen terreno al enemigo. En Cuba tenemos serias dificultades. Pero no por el hecho de lo que usted llama el bloqueo. Primero, nunca hubo bloqueo completo. No hemos dejado de incrementar nuestro comercio con Gran Bretaña y Francia, por ejemplo. Su país va a instalar este año fábricas de montaje en distintas industrias. Después la Unión Sovietiza consintió (esto se acordó durante la larga estancia de Fidel en la URSS) en reemplazar a Estados Unidos en todos los planos de los que se aprovechó Cuba antes de la revolución.

«Nuestras dificultades se deben principalmente a nuestros errores. Fueron numerosos. La mayor, lo que nos hizo mas daño, usted lo conoce, es la subexplotacion de la caña de azúcar. Las demás conciernen todos los inevitables tanteos que implica la adaptación del colectivismo a una situación local. Pero, ¿cómo se saldaron estos errores? Por nada que permitiera al enemigo abatirnos. Y lo que es lo más importante, la mística revolucionaria está absolutamente al mismo grado de intensidad que al principio.

Usted hizo alusión a la adaptación del colectivismo a las situaciones locales. Algunos economistas critican vuestro concepto de la granja del Estado que transforma todos los trabajadores en funcionarios, y aconsejaron a los argelinos el sistema de los comités de gestión…

-Hay granjas del Estado que constituyen éxitos y otras, fracasos. Probablemente en la misma forma que ciertos comités de gestión obtienen buenos resultados y otros no. No quiero hablarles de la experiencia argelina que no conozco todavía. Pero puedo darle una opinión personal sobre la experiencia cubana. Para mí es una cuestión de doctrina. El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alineación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor «interés individual» y provecho de las motivaciones sicológicas.

«Marx se preocupaba tanto de los hechos económicos como de su traducción en la mente. El llamaba eso un «hecho de conciencia». Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria.

Guevara acaba de tener los acentos de Saint-Just al pronunciar estas últimas palabras. Repentinamente suenan tiros en la noche cálida y azul que envuelve las alturas de Argel. Guevara sonríe. De verdad se siente bien en este país, donde todo y «hasta el desorden es revolucionario». Los argelinos lo adoptaron: en seguida apareció en el stadium la otra noche para asistir a un encuentro de balompié (egipcios contra argelinos), el más extraordinario que me haya sido dado ver, fue larga y calurosamente aclamado por los 15 mil espectadores.

Lo que los argelinos empeñaron en este increíble partido contra la RAU [República Árabe Unida] es insospechable. Ninguna corrida en el mundo provocó semejante desencadenamiento. En medio de esta intensidad, Guevara no fue abandonado, y es aterrador. «Es porque -me dijo un vecino- Nasser representa a los árabes: cuando vino le hemos pagado su tributo; ahora se acabó. Cuba representa el pueblo, eso no terminará nunca».

Repetí la frase a Guevara. No le sorprendió. Para él, Argelia es Cuba.